Aciertos y errores comunes en AC

Ricardo Álvarez· Ep 4/8 · 97 min · Aire Acondicionado

El capacitor correcto: no te guíes por consejos de pasillo

Uno de los errores más comunes en aire acondicionado es creer que todos los compresores de una tonelada llevan el mismo capacitor. Es un error de concepto que se repite constantemente entre técnicos: "ponle tanto de microfaradios al de una tonelada, tanto al de dos". Esto es falso. Cada fabricante de embobinado de compresores asigna, según su diseño, capacitores diferentes.

Para demostrarlo, basta ver dos equipos de una tonelada cada uno, instalados en el mismo techo: uno lleva un capacitor de trabajo de 20 microfaradios y el otro de 40. No son iguales. Cuando alguien te recomienda poner un capacitor "más o menos cercano", lo que provoca es calentamiento del compresor, estrés y una reducción en su vida útil. No es algo que notes de inmediato, pero a mediano o largo plazo el daño está hecho.

La solución es sencilla: consulta catálogos, tiendas de refrigeración, el fabricante o internet. Con el modelo y marca del compresor, encuentras los microfaradios exactos y el voltaje que debe soportar el capacitor. El acierto es poner el capacitor exacto que indica el fabricante. Hay un margen de mas menos 5%, pero lo correcto es seguir la especificación y quitarte de problemas.

Calor y temperatura: no son lo mismo

Otro error frecuente es no distinguir entre cantidad de calor e intensidad de calor (temperatura). El aire acondicionado retira cantidad de calor; la baja de temperatura es el efecto secundario. La cantidad de calor se mide en BTU/hora o kilocalorías, y nos dice cuánto calor hay que retirar, lo cual define el tamaño de la máquina.

Un ejemplo claro: un vasito con agua a 100 grados centígrados tiene muy poca cantidad de calor pero altísima intensidad (temperatura). Una tina con agua a 38 grados tiene poca intensidad pero una cantidad de calor enorme. Enfriar esa masa de agua cuesta muchísimo trabajo. Esa diferencia es la que importa cuando haces cálculos de carga térmica para dimensionar el equipo.

También es muy común escuchar "estamos a tantos grados a la sombra, pero al sol estamos a más". La temperatura siempre se mide a la sombra. Si pones un termómetro al sol, se calienta diferente según el material del que esté hecho. Si pones tres termómetros de distintos materiales al sol directo, marcan temperaturas diferentes. A la sombra, los tres marcan igual. Lo que cambia al sol es la radiación, no la temperatura del lugar. Hermosillo, por ejemplo, puede andar en 38-39 grados centígrados, y esa medición siempre se hace a la sombra.

Tierra física: la protección que nadie pone

Un error grave que se ve constantemente es que la gran mayoría de los equipos no están aterrizados. No se les puso tierra física. Eso vuelve al equipo doblemente vulnerable a una falla. Se habla mucho de "se quemó la tarjeta", pero nadie dice "yo tenía mi tierra física comprobada y aun así falló la tarjeta". Esa es la diferencia.

La tierra física es una protección. El termomagnético (breaker) es otra protección. Mientras no haya una eventualidad, el equipo va a trabajar bien sin ellas. Pero cuando viene una sobretensión, una tormenta, bajones de voltaje, ahí es cuando se necesitan. Y si no están, el equipo falla. Luego andan los técnicos diciendo que las tarjetas no sirven, que son caras, que las variaciones de voltaje las dañaron. La realidad es que la falta de tierra física es la causa.

La tierra física protege al equipo, pero también protege a las personas. Evita que una descarga eléctrica le pase a alguien que toca una parte metálica. Eso puede significar la diferencia entre un susto y algo mucho más grave. La tierra física debe ser obligatoria en toda instalación.

En equipos Frikko, la garantía de 8 años en compresores aplica cuando se instala con tierra física. Si no hay tierra, no hay garantía. Y esto no es exclusivo de Frikko: todas las marcas exigen lo mismo. Se pone termomagnético bien calculado, calibre de conductor correcto y tierra física bien probada.

El neutro no es la tierra física. El neutro conduce corriente en instalaciones de 115 volts. La tierra física es un cable conectado al chasis de la máquina que solo conduce cuando hay una falla. Cuando se aterriza una máquina y hay un problema, la tierra física desvía la descarga y salva la tarjeta en lugar de que se queme. Son instalaciones diferentes, aunque parecidas, y hay que hacerlas por separado.

Lo ideal es una tierra física por equipo. Los fabricantes lo recomiendan así, aunque en la práctica muchos técnicos conectan dos equipos a una misma varilla. Si las mediciones salen bien y se usa un calibre grueso, puede funcionar, pero no es lo recomendado. Para instalar una tierra física profesional, lo mejor es buscar electricistas especializados que traen sus herramientas y medidores adecuados.

Electrónica en aire acondicionado: lo básico que debes saber

Hoy trabajamos con equipos que traen electrónica. No necesitas ser experto en microprocesadores, varistores, resistencias o diodos. Lo que sí necesitas es saber lo elemental: identificar si la tarjeta funciona o no, conocer la fuente de alimentación, la secuencia de operación, y el accionamiento de bobinas y platinos de los relevadores. Eso te permite dar diagnósticos correctos y no andar quitando tarjetas que están buenas.

En las capacitaciones presenciales de Frikko se trabaja esto a detalle: cómo debe funcionar la línea eléctrica, identificación de partes y la secuencia de operaciones. La tarjeta electrónica no es más que el reemplazo compactado de los tableros electromecánicos antiguos.

Sácale el jugo a tus instrumentos

Otro error muy común es no aprovechar al máximo los instrumentos. El voltímetro no es solo para saber si el equipo es de 220. Sirve para medir voltaje en arranque de compresores, calcular calibre de conductores, detectar falsos contactos y verificar caídas de voltaje en contactores.

Los termómetros son de diferentes tipos: unos para medir temperatura del aire, otros para la temperatura de tuberías. Los manómetros de refrigeración no son solo para medir presiones. Con ellos obtienes temperaturas de saturación de los serpentines, relación de compresión y datos para verificar la carga de refrigerante.

El anemómetro te permite medir el caudal de aire que arroja un equipo y verificar si coincide con lo que indica el fabricante. El multímetro (amperímetro) mide voltajes en alterna y directa, continuidad, resistencias y temperaturas. Debe ser tu brazo derecho. Los medidores de fugas, el higrómetro para humedad relativa, la caja de herramientas completa: todo cuenta para ser más profesional y encontrar fallas que para muchos están "escondidas", cuando en realidad solo falta hacer las mediciones correctas.

Algo importante que pocos técnicos usan es el higrómetro. La temperatura a la que un equipo inyecta el aire depende de la humedad relativa del lugar. Es un error decir "los equipos inyectan a 14 grados" o "todos deben inyectar a 12". Esos valores cambian según las condiciones del espacio.

También hay que darle mantenimiento a los instrumentos. No los uses, los guardes y en un año los saques sin revisarlos. Revisa empaques de mangueras, cambia o-rings, verifica que los centros estén en buen estado. Si al buscar fugas resulta que la fuga está en tu manguera, estás perdiendo tiempo y dinero.

El ciclo de refrigeración: domínalo de verdad

El dominio del ciclo de refrigeración es la clave para saber si un equipo funciona correctamente. No basta con decir "el compresor comprime, la evaporadora evapora, el condensador condensa y la válvula de expansión expande". Hay muchos puntos que debes medir con termómetros y manómetros.

Los manómetros no son medidores de presión para "dejar el equipo a tanta presión". Esa es una de las tonterías más grandes y comunes en el oficio. Los manómetros son medidores de temperatura de saturación: te dicen la temperatura del refrigerante dentro de los serpentines. Con esa lectura, junto con la temperatura de la tubería medida con termómetro, puedes calcular sobrecalentamiento y subenfriamiento. Esas son las buenas prácticas para diagnosticar fallas como falta o exceso de refrigerante, filtro deshidratador tapado, capilar obstruido, baja o alta carga térmica, y muchas más.

Carga de refrigerante: por qué las presiones no sirven

La carga de refrigerante al 100% es uno de los problemas más graves del gremio. La gran mayoría de los técnicos carga por presiones: "lo dejo a tal presión, ya enfría, ya terminé". Pero eso es solo un aproximado lejano.

Desde 2006, los estándares de eficiencia en Estados Unidos demostraron en laboratorios como ARI que una mala carga de refrigerante tiene tres consecuencias serias: cae la eficiencia del equipo, cae la capacidad real de enfriamiento y se reducen los años de vida del compresor. Si compraste un inverter Pro 21 de Frikko con eficiencia SEER 21 y la carga no está al 100%, no vas a obtener esa eficiencia. Tu recibo de luz será mayor. Si compraste dos toneladas de capacidad pero la carga está mal, puedes estar operando con una tonelada y media o incluso una sola tonelada.

Para demostrar lo absurdo de cargar por presiones, imagina un equipo paquete que ya viene cargado de fábrica. Lo instalas en Mexicali y las presiones de succión andan entre 135-150 libras, la descarga entre 440-450, dependiendo de qué tan caliente esté el día. Ahora ese mismo equipo lo llevas a Guadalajara. Las presiones de succión bajan a 90-120 libras y la descarga a 380-400. Alguien dice "le falta gas" porque las presiones están bajas. Pero es el mismo equipo con la misma carga. Lo que cambió es el clima. Por eso cargar por presiones es trabajar mediocremente.

Los métodos correctos de carga son: por peso (con báscula), por gráfica del fabricante, por sobrecalentamiento y por subenfriamiento. Con la carga por peso en Guadalajara o en Mexicali, el equipo trabaja al 100% en eficiencia, capacidad y vida útil del compresor. El inconveniente es que la carga por peso funciona directo en equipos paquete; en minisplits divididos hay que ajustar según la distancia entre unidades. Además, necesitas una báscula o balanza.

Cuando el fabricante incluye una gráfica de carga, úsala. Te dice: mide la presión de descarga, toma la temperatura exterior donde está el condensador, checa la temperatura de bulbo húmedo en el interior, y con esos datos defines la carga exacta.

Para trabajo diario --ya sea instalación, mantenimiento preventivo o correctivo-- las mediciones de sobrecalentamiento y subenfriamiento son las herramientas fundamentales. Se toma la temperatura de la tubería con termómetro, se lee la temperatura de saturación del serpentín con el manómetro, y se hace la resta. Por ejemplo: en un minisplit, el manómetro marca 58 libras con R-22, lo cual corresponde a 33 grados Fahrenheit (0.5 grados centígrados) en la escala de saturación. El termómetro en la tubería de succión marca 42 grados Fahrenheit. La resta da un sobrecalentamiento (superheat) de 9 grados Fahrenheit, que es un valor correcto.

Si cargas menos refrigerante, no tienes la capacidad completa. Si le echas de más "para que aguante la temporada con la fuga", es peor todavía: tampoco tienes la capacidad correcta. En tus manos está que el cliente obtenga las toneladas de refrigeración que compró.

El sobrecalentamiento cambia entre verano e invierno

En equipos con capilar (la gran mayoría de los minisplits), el sobrecalentamiento no es igual en verano que en invierno. En verano los valores son chicos: de 5 a 10 grados Fahrenheit. En invierno puedes encontrar sobrecalentamientos de 18-19 grados Fahrenheit. Ese mismo equipo en verano te va a dar valores de 5-8. Es normal: el capilar no se ajusta, así que las condiciones ambientales afectan directamente el sobrecalentamiento. En equipos con válvula de expansión, la válvula se encarga de mantener el sobrecalentamiento constante.

Mantenimiento de instrumentos y bomba de vacío

La bomba de vacío es una herramienta cara que debes cuidar. Necesita cambios de aceite regulares y limpieza. Sin aceite adecuado y limpio, no vas a alcanzar los valores de vacío profundo que necesitas. Cuando no la estés usando, siempre tápala. No la dejes en el taller sin tapón, porque el aire húmedo penetra y la dana.

No es cierto que hacer vacío por mucho tiempo hierva el aceite del equipo. Eso es un mito. El aceite del compresor y el de la bomba están disenados para resistir el proceso. El verdadero problema es que antiguamente se hacían los vacíos por tiempo ("máquina de cuatro toneladas, dos horas de vacío"). Eso ya no aplica. Los vacíos se hacen con vacuómetro, no por tiempo. Con buenas prácticas --quitando los pivotitos (núcleos de las válvulas) y usando el vacuómetro-- puedes lograr vacíos en menos de 15 minutos, con la precisión garantizada.

Vacío y presión atmosférica: cuidado con el manómetro

Un error serio es creer que el vacío siempre debe llegar a 30 pulgadas de mercurio en el manómetro. En ciudades a nivel del mar como Mexicali, sí puedes alcanzar las 30 pulgadas. Pero en Guadalajara, Ciudad de México o Pachuca, el manómetro no va a llegar a 30. En la mina de Nacozari, Sonora, a 1,100 metros sobre el nivel del mar, el manómetro se quedó en 26. En Ciudad de México, a 2,100 metros, se queda en 23. Mover el tornillo de calibración para forzar la aguja a 30 es engañarte a ti mismo.

El vacuómetro resuelve esto. Sin importar la altitud, siempre te marca los 250 micrones que buscas. En Ciudad de México marca 250 micrones igual que en Mexicali. El manómetro marca diferente según la altitud, pero el vacuómetro no miente. Por eso el vacuómetro es parte importantísima de tu trabajo como técnico.

Los valores de vacío a distintas altitudes en la República Mexicana son diferentes: Pachuca marca 22 pulgadas de mercurio, Mexicali 29.9, Acapulco igual al nivel del mar, Nogales 26 pulgadas. Lo que no cambia es la lectura del vacuómetro.

Prueba de nitrógeno: no te la saltes

Hay técnicos que quieren hacer la instalación rapidísimo: no compran nitrógeno, no lo traen, van directo al vacío y a soltar refrigerante. Eso se paga con fugas. Una cosa son las fugas evidentes y otra muy distinta las micro fugas. La prueba de nitrógeno antes de meter la bomba de vacío y el vacuómetro es fundamental para asegurar que la tubería quedó perfectamente sellada. El nitrógeno también se usa como gas inerte al soldar para que no se contaminen las tuberías por dentro, y para hacer barridos de limpieza en sistemas sucios.

El flare: donde nacen la mayoría de las fugas

El avellanado o flare es una de las causas más frecuentes de fuga. Un flare mal hecho --que quedó corto, que no se expandió bien-- va a provocar fuga tarde o temprano.

El torquímetro es la herramienta que da el apriete exacto según el diámetro de la tubería de cobre. Muchos técnicos dicen que no lo necesitan porque "ya saben calcular el par de apriete con la mano". En realidad lo que están diciendo es que no quieren invertir. Un técnico profesional se equipa con lo mejor para que sus trabajos sean más rápidos y precisos. Cliente contento es cliente que te vuelve a llamar. Cliente enojado es cambio de técnico.

Cuando aprietas con llave sin torquímetro y aprietas demasiado fuerte, vences el flare y se genera fuga. El manual de instalación de Frikko incluye la tabla de torque adecuado para cada diámetro de tubería.

La prensa flare también se desgasta con los años. El cono se dana y provoca avellanados deformes, con picos o demasiado abiertos. Revisa que el cono de tu prensa esté en buenas condiciones. Existen prensas flare con torque integrado: al hacer la pieza, la mariposa llega al punto correcto, hace clic y te avisa que ya terminaste. Son más caras, pero el resultado es superior.

Al apretar la tuerca del flare, puedes facilitar el giro con un poquito de aceite de compresor en el avellanado. Pero nunca permitas que gire la tubería junto con la tuerca. Solo debe girar la tuerca. Si giran las dos, el apriete queda chueco y eso provoca fugas.

Usa tuercas de refrigeración, no de plomería. La tuerca de refrigeración es de pared gruesa; la de plomería es de pared delgada y se quiebra fácilmente. Revisa también que las roscas internas de tuercas y conectores no tengan rayones. Un rayón es lugar perfecto para una micro fuga, por muy buen flare que hagas.

El corte de tubería: no lo hagas a la carrera

Si aprietas demasiado fuerte el cortatubos y lo haces en tres vueltas, cierras la tubería por dentro. A la hora de hacer el avellanado te va a quedar deforme. El corte correcto se hace con pasitos pequeños, un octavo de vuelta a la vez, dejando que la tubería tome calor gradualmente con el esfuerzo. El desbarbado siempre se hace hacia abajo para que la rebaba caiga fuera de la tubería, no adentro.

Flujo de aire: mídelo, no lo adivines

No des por hecho que un equipo arroja la cantidad correcta de aire. Con la mano puedes sentir que "sale buen aire", pero eso no es una medición. El anemómetro te dice si el equipo realmente entrega lo que el fabricante específica. Si no lo mides y el flujo está bajo por suciedad, un motor defectuoso o álabes sucios en la turbina, puedes terminar metiéndole mano a la carga de refrigerante cuando el problema real está en el manejo de aire.

En lugares húmedos como Culiacán o Cancún, la recomendación es usar los equipos en baja velocidad. El aire lento que cruza el serpentín tiene más capacidad de robar humedad al aire del cuarto y deshumidificar mejor. Las condiciones de confort no son iguales en Cancún que en Hermosillo o Mexicali. Hay que jugar con velocidades del ventilador para obtener el confort adecuado según la región.

Cálculo de carga térmica: no uses tablitas de internet

Las famosas tablitas que circulan en internet dividiendo la República Mexicana en zonas 1, 2, 3 y 4 por estado son una tontería. Según esas tablas, Tijuana y Mexicali están en la misma zona porque ambas están en Baja California. Pero Tijuana es una ciudad fresca todo el año y Mexicali es la sucursal del infierno. No puedes ponerles las mismas toneladas de refrigeración.

La carga térmica no se calcula por áreas ni por tablitas. Se calcula con formatos de carga térmica bien hechos, considerando las condiciones reales del espacio: orientación, materiales de construcción, ventanas, ocupantes, equipos que generan calor, clima de la ciudad específica. Asesorarte bien para definir cuántas toneladas necesita un espacio es lo que te acerca a la capacidad real que se requiere.

Contactores: revisa las caídas de voltaje

En minisplits y equipos paquete que traen contactor, es un error no revisar las caídas de voltaje. Los contactores se ensucian, se obstruyen, reciben flamazos. Verificar que no haya caída de voltaje en los platillos del contactor es un punto importantísimo. Que el equipo prenda no significa que todo está bien. Esos problemas son castigos ocultos que van acabando con el equipo. Un compresor que podría haber vivido 15 o 20 años acaba fallando a los 6 porque nadie revisó estos detalles. Y luego culpan a la marca.

Capacitores: cómo manejar el cambio con tu cliente

Cuando haces mantenimiento preventivo y mides el capacitor, haz el proceso frente al cliente con transparencia. Muéstrale la pieza, explícale que dice 40 microfaradios y que tu medición ya marca menos. Recomiéndale el cambio, pero deja que él decida. Si dice que no, anótalo y dile que en la próxima visita lo revisan otra vez. Si ese capacitor falla en pleno verano, el cliente no te puede culpar porque ya le avisaste. Eso es ser un técnico profesional.

La medición de microfaradios depende mucho de que tu instrumento esté calibrado correctamente. Siempre trae dos instrumentos para comparar. Cuida la limpieza de los caimanes y las puntas.

Reguladores de voltaje para equipos inverter

No se recomienda usar reguladores de voltaje para equipos de aire acondicionado. Un regulador que soporte 10-13 amperes y los picos de arranque del equipo tiene que ser muy poderoso y caro. No sirven los reguladores domésticos de televisión o computadora. Lo que sí debes hacer es verificar el voltaje de la casa. Si hay altos voltajes, reportar a la Comisión Federal de Electricidad. Si hay bajos voltajes, primero revisa que no sea culpa de la instalación eléctrica o de cargas mal conectadas. Los equipos Frikko trabajan perfectamente en rangos de 220 a 248 volts sin problemas de castigo al compresor.